La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico El viejo seguía en pie, y miraba con terror al formidable Corsario.
-Sabéis quien soy; ¿no es cierto? -preguntó el filibustero.
-El caballero Emilio de Roccabruna, señor de Valpenta y de Ventimiglia -dijo el viejo.
-Celebro que tan bien me conozcáis, señor de Ribeira -continuó el Corsario-.
¿Sabéis por qué motivo he osado, solo con mi nave, aventurarme en estas costas?
-Lo ignoro; pero supongo que debe de ser muy grave el motivo para decidiros a tamaña imprudencia. No debéis de ignorar, caballero, que por estas costas está en crucero la escuadra de Veracruz.
-Lo sé -repuso el Corsario.
-Y que aquí hay una guarnición, no muy numerosa, pero superior a vuestra tripulación.
-También lo sabía.
-¿Y habéis osado venir aquí casi solo?
Una desdeñosa sonrisa plegó los labios del Corsario.
-¡No tengo miedo! -dijo con fiereza.
-Nadie puede dudar del valor del Corsario Negro -dijo D. Pablo de Ribeira-. Os escucho.
El Corsario permaneció algunos instantes silencioso, y luego dijo con voz alterada:
