La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -A mí me parece una luz fija -dijo Van Stiller.
-No -dijo Moko, que tenía la mirada más penetrante-; es un fuego movedizo.
-Acaso alguna carabela que va a Pueblo Viejo -murmuró el Corsario.
-¿Debemos seguir bogando, señor? -preguntó Carmaux.
-Sí, y alejarnos antes de que la bruma maléfica nos alcance.
Los tres marineros se inclinaron sobre los remos, e hicieron que la ballenera volase por las aguas.
El punto luminoso se alejaba entonces hacia el Norte describiendo breves bordadas.
-Pasaremos a mucha distancia dijo el Corsario a Carmaux.
La ballenera seguía su rápida marcha, cortando las aguas con leve murmullo.
En torno de la pequeña embarcación reinaba un profundo silencio.
A las dos de la mañana Carmaux, que iba a proa, notó que el agua empezaba a faltar.
-La playa no debe estar lejana -dijo volviéndose hacia el Corsario.
-Me parece distinguirla -repuso éste poniéndose en pie-. Ante nosotros se delinea una masa obscura que parece indicar un bosque.
