La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¿Querrás decir que hasta los caimanes pueden servirnos de almuerzo? -preguntó con asco Carmaux.
-Su cola no es mala, compadre blanco: la he comido más de una vez. Tiene un sabor agradable, compadre, al que es fácil acostumbrarse.
-¿Y cómo remediar lo de la chalupa? -preguntó Van Stiller.
-La madera no falta -dijo el Corsario-. ¿Acaso mis marineros no saben construir una almadÃa?
-¡Soy un animal, señor! -dijo el hamburgués-. ¡No habÃa pensado en esos árboles!
-¡Pues son bien visibles! -dijo riendo Carmaux.
-Moko, ¿tienes tu hacha?
-SÃ, capitán -repuso el aludido. -Ya que clarea el dÃa, ve a derribar algunos árboles.
-Y nosotros iremos a buscar bejucos -dijo Carmaux.
-¿Y el almuerzo? -dijo el Corsario Negro. -Ya sé que no puedes trabajar con el estómago vacÃo.
-¡Ya lo pensaba yo, capitán!.
-Mientras Moko derriba algunos árboles, tú y Van Stiller recorreréis la isla.
-¿Habrá caza aqu�
-En su defecto, nos contentaremos con un asado de simio.
-¡Ah! -exclamó Carmaux haciendo una mueca.
