La Reina del Pacífico

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-¡Si nos diese vino!.. . 

-Contentémonos con agua por ahora -dijo el negro-. ¡Seguidme! 

Los tres filibusteros y Yara desembarcaron y siguieron al negro, que ya se había abierto paso por entre las plantas y las ramas. 

Después de haber recorrido cerca de' doscientos pasos, Moko se había detenido ante una bellísima planta que crecía solitaria en un pequeño claro. 

Era una especie de sauce de más de sesenta pies de alto, con la cima semejante a una inmensa cúpula formada por hojas oblongas y largas, pero no tanto como las de las palmeras. 

De las ramas y del tronco de aquella extraña planta trasudaba el agua en tan gran cantidad, que formaba al pie un gran charco. Era una lluvia continua, incesante, que caía con monótono rumor. 

-¡Una verdadera planta fuente! -exclamó asombrado Carmaux-. ¡Nunca he visto cosa semejante! 

-¡Es realmente curiosísima! -dijo el Corsario-. ¿Qué planta es ésta? 

-Un tamal caspi, señor -dijo Moko. 

-¿Y de dónde proviene toda esta agua? -preguntó el hamburgués. 


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