La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¡Locuras!
-¡No! -gritó el Corsario-. Hasta mis hombres han visto muchas noches aparecer entre la espuma los esqueletos del Corsario Rojo y del Verde, que todavÃa me piden venganza. Decidme: ¿dónde está Wan Guld?
-¿Aún pensáis en él? -exclamó el Intendente-. ¿No os basta con su hija?
-¡No! Ya os he dicho que mis hermanos todavÃa no están satisfechos.
-El Duque está muy lejos.
-¡Hasta el Infierno irÃa a buscarle el Corsario Negro!
-Id, pues a buscarle.
-¿Dónde?
-No sé a punto fijo dónde está. Se dice que en México.
-¿Se dice? ¿Vos que sois su intendente, el administrador de sus bienes, lo ignoráis?
¡No seré yo quien lo crea!
-Sin embargo, no sé dónde se halla.
-¡Me lo diréis! -gritó con voz terrible el Corsario-. ¡La vida de ese hombre me es necesaria!
-¡No hablaré!
-Sin embargo, no ignoráis las infamias cometidas por vuestro señor.
