La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico Moko alzó su hacha. Se oyó un sordo golpe seguido de un largo gruñido.
-¡Es muerto! -gritó.
El lamantino, con la cabeza destrozada por un hachazo, había caído sobre un banco de arena, exhalando en él el último suspiro.
-¡He aquí la cena! -dijo Moko preparándose a partir en trozos la presa.
-¡Y qué cena! -exclamó Carmaux-. ¡Necesitaríamos ser más de ciento para dar cuenta de ella!
El Corsario, inclinado sobre el mamífero, le observaba con curiosidad.
Aquel habitante de los ríos y lagunas de la América Central y Meridional medía cinco metros de largo, y no era de los mayores, pues que alcanzan hasta siete u ocho metros.
Tenía el aspecto de una foca; pero su hocico era largo y algo aplastado, en vez de dedos tenía dos especies de palmetas, y la cola era muy larga. En el pecho tenía dos ubres repletas de leche.
Estos mamíferos son bastante raros; hoy día se encuentran, sin embargo, algunos en el Orinoco, en el Amazonas, cerca de las bocas de los ríos de Guinea, y rara vez en México.
Son absolutamente inofensivos, y se nutren de plantas acuáticas.
