La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -Pero cien picas y otras tantas espadas...
El Corsario permaneció pensativo un momento, y volviéndose a D. Pablo le dijo:
-¿Y no hay en esta casa ninguna salida secreta?
-SÃ, señor caballero -dijo el viejo, mientras un relámpago cruzaba sus negros ojos.
-¿Nos facilitaréis la fuga? -Con una condición.
-¿Cuál?
-Abandonar vuestros proyectos de venganza contra mi señor.
-¡Queréis bromear, señor Ribeira! -dijo con acento burlón el Corsario.
-No, caballero.
-¡El señor de Roccabruna no aceptará jamás tal condición!
-¿PreferÃs que os hagan prisionero los españoles?
-¡TodavÃa no me han cogido, querido señor!
-Hay ciento cincuenta soldados en Puerto-Limón.
-¡No me asustan! Yo tengo a bordo ciento veinte lobos de mar capaces de hacer frente a un regimiento entero.
