La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -Vuestro Rayo no está anclado frente a esta casa, caballero.
-Iremos nosotros a su bordo, señor mío.
-No conocéis el pasaje secreto. -Pero lo conocéis vos.
-No os lo indicaré si antes no juráis dejar en paz al duque Wan Guld.
-¡Pues bien; veamos! -dijo con voz estridente el Corsario.
Y amartillando rápidamente una pistola, gritó:
-¡O nos guiáis al pasaje secreto, o te mato! ¡Elige!
LA TRAICIÓN DEL INTENDENTE
Ante aquella amenaza D. Pablo de Ribeira se había tornado palidísimo: Instintivamente su diestra se volvió hacia la empuñadura de su espada. Había sido en sus tiempos un valiente
