La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico Si la bandera era española, la saludaban con estrepitosas vivas, celebrando el raro caso de haber esquivado los cruceros de los corsarios.
Los desmanes y saqueos llevados a cabo por Pedro el Grande, Brazo de Hierro, John Davis, Montbar, el Corsario Negro y sus hermanos el Rojo y el Verde y el Olonés, habían sembrado el pánico en todas las colonias del golfo.
Viendo aparecer aquella nave, los pocos habitantes que se habían detenido en la playa a contemplar la furia del mar habían renunciado a la idea de volver a sus casas, no sabiendo aún si tenían que habérselas con algún velero español o con algún osado filibustero.
Viva inquietud se reflejaba en el rostro de todos, tanto pescadores como soldados.
-¡Nuestra Señora del Pilar nos proteja- decía un viejo marinero, moreno como un mestizo y asaz barbudo-; pero, os digo, amigos, que esa nave no es de las nuestras!
¿Quién se atrevería con semejante tormenta a empeñar tal lucha a tanta distancia del puerto, si no fuese tripulada por los hijos del Diablo, esos bandidos de las Tortugas?
-¿Estáis seguro de que se dirige hacia aquí? -preguntó un sargento que estaba en un grupo de soldados.
