La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico Se volvió, y vio a la india. Su bello rostro revelaba tan profunda angustia, que se quedó atónito.
-¿Qué deseas? -le preguntó.
-¡No quiero que os maten, señor! -repuso Yara con voz temblorosa.
-¿Qué puede importante a ti? -preguntó más dulcemente el Corsario.
-Los hombres que están escondidos en las calles próximas no os perdonarán.
-¡Ni nosotros a ellos!
-¡Son muchos, señor!
-¡Es necesario que salga de aquÃ!
¡Mi nave me espera en la boca del puerto!
-En vez de salir en busca de los soldados, ¡huid!
-Mucho me gustarÃa poder marchar sin empeñar batalla; pero veo que no hay sino esta salida. El subterráneo lo cerró D. Pablo.
-¡Hay aquà una cueva! ¡Escondeos!
-¡Yo! ¡El Corsario Negro! Oh! ¡Nunca, hija mÃa!... Sin embargo, gracias por tu consejo. Te lo agradeceré siempre ¿Como te llamas?
-Yara; os lo he dicho.
-No olvidaré nunca ese nombre.
Le hizo un gesto de adiós; y bajó la escalera seguido de Carmaux y Van Stiller y precedido por Moko.
