La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -¡A mí, filibusteros!
Su voz fue sofocada por un disparo. Uno de los cinco hombres había hecho fuego, mientras los otros desenvainaban la espada.
La bala se aplastó contra el muro, a pocas pulgadas de la cabeza del Corsario.
-¡Truenos! -murmuró éste.
Apuntó la pistola, y disparó a su vez. Uno de los dos mosqueteros, herido en pleno pecho, cayó sin lanzar ni un grito.
Tiró el arma descargada y empuñó la segunda. El otro mosquetero le apuntaba.
Rápido como un rayo, el Corsario hizo fuego, pero la pólvora no ardió.
-¡Maldición! -exclamó.
-¡Ríndete! -gritaron los cuatro españoles.
-¡Ésta es mi respuesta! -contestó el Corsario.
Se separó del muro y de un salto cayó sobre ellos, dando estocadas a diestro y siniestro.
El segundo mosquetero cayó. Los otros cargaron sobre el Corsario cerrándole el paso.
-¡A mí, filibusteros! -volvió a gritar el caballero.
