La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -¡La joven india! -exclamó el Corsario, sin dejar de defenderse-¡Magnífico! ¡Puedo confiar en alguna ayuda!
Éste, sin embargo, no desmayaba. Habilísimo tirador, paraba las estocadas con rapidez. Una vez recibió una estocada en el costado derecho, con dirección al corazón.
Aunque la detuvo con el brazo izquierdo, no pudo evitar que la espada penetrara en sus carnes.
-¡Ah, perro! -aulló, atacando con más rabia.
Antes de que su contrario hubiera podido desembarazar su espada de los pliegues del tabardo, le descargó un golpe desesperado.
La hoja hirió al adversario en plena garganta cortándole la carótida.
-¡Tres! -gritó el Corsario parando una estocada.
-¡Toma ésta! -dijo uno de los dos que restaban.
El Corsario dio un salto lanzando un grito de dolor.
-¡Tocado! -dijo.
-¡Ánimo, Juan! -gritó el que le había herido-. ¡Otra estocada, y es nuestro!
-¡Todavía no! -gritó el Corsario-. ¡Tomad!
