La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¡Estás loco!
-Pues bien; voy a demostraros lo contrario -dijo el marinero-. Hace dos dÃas, mientras yo estaba pescando cerca de las islas de Chiriqui, vi pasar una nave a menos de un tiro de arcabuz de mi velero. Aquella nave se llamaba El Rayo.
-¡Caramba! -exclamó el sargento con tono airado-. ¡Y no has dicho nada!
-No querÃa asustar a la población -dijo el joven.
-Si lo hubieras advertido, se habrÃa enviado a alguien para pedir socorro a San Juan.
-¿Para qué? -preguntaron en son de burla los pescadores.
-¡Para rechazar a esos hijos de Satanás! -repuso el sargento.
-¡Hum! -dijo un pescador alto como un granadero y fuerte como un toro-. Yo he combatido contra esa gente, y sé lo que vale. Son invencibles.
-¿Creéis eso, Cárdenas?
-Ya os convenceréis pronto, señor Vasco. ¡Fijaos! Aquella nave ha puesto la proa hacia el puerto. Dentro de media hora estará aquÃ: intentad oponer resistencia si os atrevéis.
-¿Y dejaréis que invadan la ciudadela? -preguntó indignado el sargento.
