La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¿Con tal que nos vayamos? ¡Si no deseamos otra cosa!
-Pero con una condición.
-¡Ah! ¡Hay condición!
- SÃ.
-¿Tenéis la bondad de decirla? -Que nos cedáis vuestra nave con armas y municiones.
-QueridÃsimo señor, habéis olvidado tres cosas.
-¿Cuáles? -preguntó el oficial.
-Que tenemos nuestras casas en las Tortugas, que nuestra isla está muy lejos, y, finalmente, que no sabemos andar sobre las aguas como San Pedro.
-Se os dará una barca para que os vayáis.
-Prefiero volver a las Tortugas en El Rayo.
-¡Entonces, os ahorcaremos!
-¡Bueno, pero tened cuidado con los doce cañones de El Rayo! Lanzan unos confetti capaces de no dejar ni una casa en pie.
-¡Lo veremos! ¡Ohé! ¡Echad abajo esta puerta!
-¡Compadre Saco de carbón, vamos a cortar la escalera! -dijo Carmaux volviéndose al negro.
Subieron ambos al piso superior, y con pocos hachazos despedazaron la escalera, hacinando los maderos. Hecho esto cerraron el hueco colocando encima una pesada caja.
