La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -Debemos resistir hasta las ocho de esta noche para hacer las señales a Morgan.
-Resistiremos, señor.
-¿Podremos? Esta torre es independiente de la casa, y los españoles podrán incendiarla sin amenazar al palacio.
¡Por cien mil diablos! -exclamó Carmaux palideciendo.
-Has hecho mal en cortar la escalera, amigo mío.
-Tendremos tiempo. Aún no han echado abajo la puerta; pero la escalera ya está cortada.
-Aún puede servimos.
-¡No perdáis tiempo, mis bravos! ¡Catorce horas son largas!
-¡Vamos, Saco de carbón! -dijo Carmaux cogiendo su arcabuz.
-¡Yo seré también de la partida! -dijo el hamburgués.
Los tres valientes volvieron a abrir el boquete, y apoyando uno de los largueros de la escalera, se dejaron deslizar al piso inferior, decididos a hacerse matar antes que rendirse.
Los españoles, en tanto, habían comenzado a asaltar la puerta y golpeaban las tablas con la culata de sus mosquetes, sin resultado por el momento.
