La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -Me temo algo peor -repuso Carmaux.
-¿Qué quieres decir, compadre blanco?
Se oyó un golpe tremendo, seguido de un crujido prolongado.
-¡Apelan a las hachas! -dijo el hamburgués.
-¡Se ve que les corre prisa prendernos! -dijo el negro.
-¡Oh! ¡Lo veremos! -exclamó Carmaux montando su arcabuz.
-Pero si golpean con tanta furia, acabarán por abrir alguna brecha.
-Déjalos, Van Stiller. Luego hablará la pólvora.
Los tres filibusteros, no pudiendo por el momento rechazar aquel ataque, los dejaban hacer. Se habían arrodillado detrás del entredós, teniendo a mano los arcabuces y las espadas.
¡Qué furia! -dijo al cabo de un rato Carmaux-. ¡Me parece que ya han abierto una raja!
-¿Será el momento de abrir el fuego? -preguntó el hamburgués poniéndose en pie.
-¡Espera un poco! -replicó el filibustero-. Aún tienen que atravesar el entredós.
-¡Ya veo un agujero! -dijo Moko montando su arcabuz.
Iba a disparar, cuando se oyó una detonación.
