La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¡Mi Rayo dará mucho que hacer a los asaltantes! -dijo-. ¡Dentro de un cuarto de hora quedarán muy pocas chalupas a flote!
-Sin embargo, mi capitán, temo que haya algo peor -dijo Carmaux-. No me parece natural que esas chalupas se lancen al abordaje de una nave tan formidablemente armada.
-También yo sospecho algo, Carmaux. ¿No veis nada en alta mar?
-No, mi capitán; pero, como veis, la costa es alta, y esas escolleras bien pueden ocultar alguna nave.
-¿Tú crees?... -preguntó con cierta ansiedad el Corsario.
-Que los españoles esperan algún auxilio por la parte del mar.
-¡Mi Rayo cogido entre dos fuegos!
-El señor Morgan es hombre capaz de hacer frente a dos adversarios, capitán.
-Lo sé, y, sin embargo, estoy muy inquieto. ¿Habrá alguna nave en la bahÃa de Chiriqui? Nosotros no la recorrimos del todo.
-¡Aquà sà que nos va mal, mi capitán! -dijo Carmaux que se habÃa asomado por el agujero de la escalera-. ¿No oÃs el estruendo que arman los españoles?
