La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¡Si nos dejasen en paz hasta la noche!. ..
-¡Uf! ¡Mucho lo dudo, capitán!
En aquel momento se oyó un golpe violento que hizo retemblar el suelo.
En la estancia inferior se oyó una voz imperiosa que gritaba:
-¿Conque os rendÃs? ¿SÃ, o no?
Carmaux miró al Corsario riendo.
-¡Contesta! -le dijo éste.
-¡Os ruego que repitáis la pregunta, por ser yo algo tardo de oÃdo! -gritó el filibustero pegando los labios a la hendija.
-Os pregunto si os rendÃs -repitió la voz.
-¿Y por qué motivo queréis que os cedamos las armas?
-¿No veis que ya estáis presos?
-Realmente, no nos habÃamos dado cuenta.
-Estamos debajo de vosotros.
-Y nosotros estamos encima, querido señor.
-Podemos haceros saltar por los aires.
-Y nosotros podemos hundir el piso y aplastaros a todos. Ya veis que tenemos ventajas.
- ¡Acabad!
-¡No pido otra cosa!
-Decid al Corsario Negro que se rinda, si quiere salvar la vida.
