La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico Los españoles, creyendo haber matado a aquel terrible adversario, habían asomado por la puerta, aunque guareciéndose con los restos del entredós. Viendo a Van Stiller y a Moko con los fusiles en disposición de disparar, retrocedieron, no ignorando la certera puntería de aquellos bandidos de mar.
-Empiezo a creer que nos dejarán un rato de calma -dijo Carmaux, que se había dado cuenta de la retirada.
-Construiremos un parapeto en torno del hueco de la escalera.
Maniobrando con prudencia a fin de no recibir una bala en el cráneo, los tres filibusteros dispusieron una especie de parapeto en torno de la abertura, y se echaron en el suelo sin perder de vista la puerta del corredor.
Los españoles no habían vuelto a dar señales de vida. No creyéndose acaso en número bastante para expugnar la estancia superior y a falta de los medios necesarios para dar un asalto en regla, habían acampado en el corredor, seguros de hacer capitular tarde o temprano a los sitiados. Acaso ignoraban que Yara había provisto de vituallas a sus amigos.
Hacia las seis los sitiadores empezaron a mostrarse en buen número junto a la puerta del corredor, dispuestos, al parecer, a reanudar las hostilidades.
