Las Hijas de los faraones
Las Hijas de los faraones LAS PROFECÍAS DE NEFER
Al día siguiente Nefer y Mirinri recorrieron las calles de barrio de los extranjeros, acompañados por el viejo Ounis, que se había procurado un tabl, es decir una especie de tambor de terracota en forma de gran cilindro, cerrado por una piel en un extremo, que sacudía vigorosamente con una mano, a fin de atraer la atención de los viandantes.
Las adivinas, que en aquellos tiempos eran además vendedoras de recetas milagrosas, eran tenidas en mucha estima por los antiguos egipcios, quienes creían ciegamente en las profecías de aquellas astutas mujeres y en la eficacia de sus misteriosos polvos.
Nefer, que por voluntad de Her-Hor ya habla ejercido aquella lucrativa profesión en las aldeas del Alto Nilo, mientras esperaba a Mirinri no encontró dificultad alguna en reemprenderla y se habla instalado sin más en la primera plaza del barrio, atrayendo pronto en torno a sí una multitud de curiosos, captados tal vez más por su belleza y por la riqueza de sus joyas.
—Sentada sobre una banqueta, que Mirinri le había llevado y acompañada por el sordo batir del tabl que Ounis hacía sonar como si no hubiera hecho otra cosa en su vida, lanzó con su armoniosa vez en torno a los concurrentes su reclamo.
