Las Hijas de los faraones
Las Hijas de los faraones EL TRIUNFO DE TETI
Algo más allá de Menfis, al oeste del Nilo, en el lugar donde la cadena libia comienza a alargarse, formando un pintoresco oasis que se llama todavía Faygoum, se abría aquel famoso dique hecho construir por Amenemhat III, que durante siglos y siglos causo la maravilla de los asirios, de los caldeos y de los navegantes griegos y cuya finalidad era recibir las aguas sobrantes del río y regular la irrigación en las tierras colindantes.
Era una obra maravillosa, un embalse inmenso que tenía diques de cincuenta metros de espesor y una longitud de varias decenas de kilómetros, como puede comprobarse por los restos que todavía subsisten, después de millares y millares de años que fueron erigidos. Era a orillas del famoso lago de Moeris, como se llamó por los griegos que lo visitaron más tarde, donde se levantaba el Laberinto, el mayor palacio del mundo, con más de tres mil cámaras, y la fachada de mármol blanco, que se reflejaba en las aguas, como el de Paros y en medio las dos colosales estatuas de Amenemhat III y su esposa. En aquel maravilloso dique, veinticuatro horas después de la captura del desgraciado Ounis, se habían reunido más de cien mil personas, lanzándose sobre los gigantescos diques que forman como un inmenso anfiteatro.
