Los dos tigres
Los dos tigres Al escuchar la orden del Tigre de Malasia, los marineros, que ya se disponÃan a echar el ancla y a bajar las velas, interrumpieron bruscamente la maniobra y corrieron a sus puestos, gritando:
—¡A las armas!
Los formidables tigres de Mompracem, aquellos terribles salteadores de los mares de Malasia, que habÃan hecho temblar incluso al leopardo inglés y que acabaron con el poderÃo de James Brooke, el famoso rajá de Sarawak, se despertaron de pronto.
La sed de sangre y de exterminio, adormecida desde hacÃa algunos meses, se les despertó de improviso.
En menos tiempo del que se tarda en decirlo, aquellos cincuenta hombres se colocaron en sus puestos de combate, dispuestos al abordaje; los artilleros, tras de las amuras y sobre la toldilla de cámara, con las carabinas empuñadas, los kriss entre los dientes y los temibles parangs[17] de ancha hoja al alcance de la mano.
Tremal-Naik y Yáñez se aproximaron rápidamente al Tigre de Malasia, que desde la popa vigilaba los movimientos de los grabs.
—¿Se disponen a atacarnos? —preguntó el bengalés.
—Piensan cogemos entre dos fuegos —respondió Sandokán.
