Los dos tigres
Los dos tigres Los elefantes volvieron a ponerse en marcha a eso de las cinco, y se dirigieron hacia el Sur, es decir, hacia los Sunderbunds, para entrar en los terrenos deshabitados.
Las tierras que entonces atravesaban, aun cuando a grandes distancias, todavía estaban pobladas de aldeas de pobres molangos.
De cuando en cuando, por encima de las cañas de bambú y de los cálamos, se podían ver algunos que otros grupos de casucas de limo, defendidas por elevadas cercas que las protegían de los ataques de las fieras, así como a sus habitantes y al ganado.
Alrededor de estas cabañas había algún que otro pedazo de tierra cultivada, casi siempre de arroz, y algunos plátanos, cocoteros y mangos, árboles todos que producen frutas excelentes y muy apreciadas por los nativos.
Pero apenas rebasados aquellos burgos, la jungla volvía a recobrar su aspecto salvaje, y volvían a aparecer los estanques, cada vez en, mayor número y rebosantes de plantas en descomposición y de las que producen las fiebres palúdicas.
Millares de pájaros llamados trampolinistas levantaban el vuelo cuando veían aparecer junto a las orillas a los elefantes, y los cazadores aprovechaban la ocasión para dispararles algún tiro que nunca dejaba de dar en el blanco.
