Los dos tigres
Los dos tigres Al día siguiente, la pinassa salía de la caleta que servía de refugio al Mariana, para ir a sorprender a los thugs en sus propias madrigueras y rescatar de sus manos a la pequeña Damna.
Aunque era muy poco probable que el manti hubiera logrado atravesar los amplios canales de los Sunderbunds, infestados de voracísimos saurios, y recorrer de parte a parte las islas en las que pululan tigres, panteras, tremendas boas y venenosas serpientes de cascabel, la fuga de aquel hombre había decidido a Sandokán a apresurar la expedición.
Todo el armamento se había embarcado en la pinassa: gran cantidad de fusiles y armas de todas clases, municiones y dos culebrinas, como reserva. En el prao quedaron tan sólo los seis hombres y el cornac que había ido a buscar a la torre de Barrekporre la ballenera. El Mariana, por otra parte, no corría peligro alguno por parte de los thugs, escondido como estaba en el fondo de aquella caleta prácticamente ignorada.
El velero iba tan cargado, que daba la impresión de que iba a hundirse de un momento a otro. En vez de descender hasta el mar y costear las cabezas de arena que sirven de barrera contra la irrupción de las olas del golfo de Bengala, lo que hubiera evitado mucho camino, se dirigió hacia el Septentrión, para dar la vuelta por la laguna interior.
