Los dos tigres
Los dos tigres Media hora después descendÃa por el rÃo la ballenera del Mariana, a bordo de la cual iban Sandokán, Yáñez, Kammamuri y seis malayos de la dotación que la tripulaban.
Los dos comandantes del prao se habÃan disfrazado de sudras[10] hindúes. Se anudaron alrededor de la cintura y de las caderas un ancho lienzo, llamado dooté, y se cubrieron los hombros y la espalda con una especie de capa de tela gruesa, de color castaño; esta prenda tiene el nombre de dubgah[11].
Llevaban metidas en la faja un par de pistolas de largo cañón y el terrible puñal de hoja ondulada, el kriss malayo, cuyas heridas no se cicatrizan jamás por completo.
La ciudad se hallaba envuelta por las sombras, ya que a aquella hora se apagaban los faroles de los muelles y squares; tan sólo los faroles blancos, verdes y rojos de los barcos relucÃan en las negras aguas del rÃo.
La ballenera bogó por entre las numerosas embarcaciones de todas clases que llenaban el rÃo, y se dirigió hacia los bastiones meridionales del fuerte William, atracando ante la explanada, que en aquellos momentos se hallaba desierta y muy oscura.
—Ya estamos —dijo Kammamuri—. La calle Durumtolah se encuentra a pocos pasos de aquÃ.
—¿Vive en algún bungalow? —preguntó Yáñez.
