Los dos tigres

Los dos tigres

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3. Tremal-Naik

Media hora después descendía por el río la ballenera del Mariana, a bordo de la cual iban Sandokán, Yáñez, Kammamuri y seis malayos de la dotación que la tripulaban.

Los dos comandantes del prao se habían disfrazado de sudras[10] hindúes. Se anudaron alrededor de la cintura y de las caderas un ancho lienzo, llamado dooté, y se cubrieron los hombros y la espalda con una especie de capa de tela gruesa, de color castaño; esta prenda tiene el nombre de dubgah[11].

Llevaban metidas en la faja un par de pistolas de largo cañón y el terrible puñal de hoja ondulada, el kriss malayo, cuyas heridas no se cicatrizan jamás por completo.

La ciudad se hallaba envuelta por las sombras, ya que a aquella hora se apagaban los faroles de los muelles y squares; tan sólo los faroles blancos, verdes y rojos de los barcos relucían en las negras aguas del río.

La ballenera bogó por entre las numerosas embarcaciones de todas clases que llenaban el río, y se dirigió hacia los bastiones meridionales del fuerte William, atracando ante la explanada, que en aquellos momentos se hallaba desierta y muy oscura.

—Ya estamos —dijo Kammamuri—. La calle Durumtolah se encuentra a pocos pasos de aquí.

—¿Vive en algún bungalow? —preguntó Yáñez.


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