Los dos tigres
Los dos tigres Una vez muerto el estrangulador que había procurado sorprender a Tremal-Naik y mientras este escalaba audazmente la cúpula de la pagoda, el grueso de la banda, guiado por Kammamuri y Sambigliong se detenía en medio del junglar, a quinientos o seiscientos metros del estanque y esperaba para lanzarse al ataque.
Nadie, ni siquiera «Punty» que los precedía, había encontrado motivo alguno de sospecha durante el trayecto que habían recorrido desde el mangal hasta el lugar en que se detuvieron.
Kammamuri, que conocía los alrededores de la pagoda mejor incluso que Tremal-Naik, colocó los hombres frente a la entrada del edificio, el cual se veía admirablemente, si bien un poco lejos, a causa de la escalinata y de las enormes columnas que servían de soporte a las monstruosas estatuas que representaban a Kali bailando sobre el cadáver de un gigante.
El regreso de «Darma» le anunció que su patrón ya debía de haber escalado la cúpula de la pagoda.
Entonces dio orden a la tropa para que avanzase hasta las lindes del junglar, con objeto de estar más próximos y preparados para acudir en ayuda de él y de sus atrevidos acompañantes.
—Faltan muy pocos minutos para la medianoche —le dijo Sambigliong, que se había puesto a su lado—. No tardaremos en oír la señal.
