Los dos tigres
Los dos tigres —Sandokán —le preguntó—, estamos dentro del rÃo y esa es la estación de los pilotos. ¿No tomamos uno?
—¡No me gustan los curiosos a bordo de mi barco, Yáñez! —contestó el aludido, levantándose y dirigiendo una mirada distraÃda hacia la estación—. Ya sabremos entrar en Calcuta sin necesidad de pilotos.
—Sà —dijo Yáñez, después de reflexionar unos instantes—. Es mejor conservar el incógnito. Cualquier indiscreción puede poner sobre aviso a ese bribón de Suyodhana.
—¿Cuándo llegaremos a Calcuta? Tú debes saberlo, puesto que ya estuviste allà en otras ocasiones.
—Probablemente antes de la puesta de sol —contestó Yáñez—. Está subiendo la marea y la brisa sigue siendo favorable.
—Estoy impaciente por volver a ver a Tremal-Naik. ¡Pobre amigo! ¡Perder primero a su mujer y ahora a su hija!
—¡Se la arrebataremos a Suyodhana! ¡Ya veremos si el Tigre de la India es capaz de vencer al Tigre de Malasia!
