Los dos tigres
Los dos tigres Trasladaron a la joven bayadera a uno de los camarotes, y Yáñez y Sandokán se aprestaron a cuidarla con gran cuidado, haciendo todo lo posible para lograr su curación.
Tres días después, aunque no curada por completo, se hallaba cuando menos en disposición de conducir a sus protectores hasta la vieja pagoda en donde debía verificarse el oni-gomon.
La herida, como ya se ha dicho, no era de gravedad; la bala sólo rozó una costilla sin tocar ningún órgano importante.
Durante aquellos tres días, la joven se había mostrado contentísima de hallarse en tan cómodo y elegante camarote y entre sus nuevos protectores, de quienes se había hecho una entusiasta aliada, proporcionándoles cuantas noticias valiosas poseía y refiriéndoles curiosas particularidades de la sanguinaria secta de los thugs.
Sin embargo, nada había podido revelarles sobre la nueva virgen de la pagoda, la pequeña Damna, de la cual no había oído hablar hasta entonces. Además, mostraba un especial reconocimiento hacia el sahib blanco, como llamaba al flemático Yáñez, que se había convertido en su enfermero, y a quien le gustaba hablar con ella porque se expresaba en un inglés casi perfecto, revelando una educación esmerada y realmente rara entre bayaderas.
