Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¿Tienes miedo, Kammamuri? —preguntó el bengalÃ.
—Creo que sÃ. Por suerte tenemos con nosotros a Darma, valiente animal que no teme a cincuenta hombres armados.
—Te advierto, Kammamuri, que yo no entraré en el bosque.
—Me esperarás donde te plazca y si quieres te dejaré a Punthy, bravo perro que sabe degollar a media docena de personas.
Manciadi, que ya habÃa trazado su plan, condujo al maharata al sendero que habÃa recorrido por la mañana y lo siguió durante tres cuartos de hora. Se detuvo en el borde del bosque de jaqueros.
—¿Es aqu� —preguntó Kammamuri, mirando con ansiedad por entre los árboles.
—SÃ, aquà —respondió Manciadi, con actitud misteriosa—. Sigue este sendero que se adentra en el bosque y llegarás al estanque en cuyas orillas ha caÃdo Aghur. Te espero aquÃ, escondido en esta densa espesura.
—¿Quieres el perro?
—Prefiero estar solo. Los indios no me descubrirán, estoy seguro.
—Dentro de media hora estaré de vuelta. Darma, dispuesto a caer ante el primer hombre que se presente ante nosotros; y tú lo mismo, Punthy.