Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Se mantuvieron algunos minutos escondidos entre los cañaverales, esperando que un relámpago aclarase la orilla opuesta, y luego, seguros ya de no ser espiados, se apresuraron a descender a la orilla y lanzar al agua la canoa.
—Patrón —dijo Kammamuri, mientras Tremal-Naik se introducÃa en la embarcación—. ¿Crees que encontraremos indios en el rÃo en las inmediaciones de Raimangal?
—Estoy seguro, ¿pero qué importa? Esta noche me siento tan fuerte como para poder habérmelas con un ejército de mil hombres.
—Lo sé, patrón, pero es preciso obrar con prudencia. Si se dan cuenta de nuestra presencia, darán la alarma.
—¿Y qué querrÃas hacer?
—Engañarles.
—¿Cómo?
—Déjame actuar a mÃ; pasaremos sin ser vistos.
Él maharata volvió a la orilla, derribó un considerable número de bambúes de una dimensión de no menos de quince metros y cubrió minuciosamente la canoa, de modo que la hacÃa aparecer como un montón de cañas arrastradas por la corriente.