Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Quizás es una lente de vidrio o de cuarzo. La claridad proviene de los relámpagos y el ruido es el trueno que retumba en el exterior.
—¿Lo crees asÃ, patrón?
—Verdadero o no, no retrocederé. La medianoche esta cercana.
—Estamos en un lugar horrible, patrón. Tiemblo como si tuviese frÃo. Este silencio y estas tinieblas me dan miedo.
—¿Está inquieto Darma?
—No, patrón, está tranquilo.
—Señal de que el enemigo no está todavÃa cerca de nosotros. Vayamos adelante.
Reemprendieron la marcha entre las tinieblas frÃas y húmedas, subiendo y bajando, chocando a menudo sus cabezas contra las bóvedas, caminando a bulto, seguidos siempre por el tigre, que no manifestaba ningún signo de inquietud.
Pasaron asà otros diez minutos, largos como diez horas. Los dos indios creÃan ya haber tomado un falso camino y estaban a punto de volver cuando en una revuelta Tremal-Naik vio una gran llama que ardÃa en medio de la galerÃa. Cerca de ella distinguió a un indio casi desnudo, apoyado en una especie de azagaya, coronada por la misteriosa serpiente. Un suspiro de alivio salió de sus labios.