Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¿Se trata de hacerle hablar, capitán? —preguntó Nysa—. De eso me encargo yo. Bastará hacerle beber una limonada.
—¡Una limonada…! Estás loco, Nysa.
—¡No, capitán! —exclamó Bharata—. Nysa no está loco. Yo también he oÃdo hablar de una limonada que desata la lengua.
—Es verdad —dijo Nysa—. Con unas pocas gotas de limonada mezclada con el jugo del youma y una pÃldora de opio se hace hablar a cualquier persona.
—Ve a preparar esa limonada —dijo el capitán—. Si logras tu intento te regalo veinte rupias.
El indio no se lo hizo repetir dos veces. Pocos instantes después volvÃa con tres grandes tazas de limonada. En una habÃa hecho disolverse una pÃldora de opio y el jugo del youma.
Ya era tiempo. Tremal-Naik habÃa aparecido en el borde de la jungla, seguido por tres o cuatro buscadores de huellas.
Por su aspecto, el capitán comprendió que Negapatnan no habÃa sido capturado.
—No importa —murmuró—. Saranguy hablará. Pongámonos en guardia, Bharata, para que ese farsante no sospeche nada. Y tú, Nysa, haz que inmediatamente pongan barras en la tronera de la bodega. Pronto tendremos necesidad de ello.
Tremal-Naik llegaba entonces ante el bungalow.