Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra El rÃo se habÃa quedado desierto, pues ya habÃa pasado la medianoche. Solamente hacia el sur brillaban los faroles de los buques y las barcas ancladas ante la Ciudad Blanca.
La chalupa, en menos de media hora, llegó al pequeño promontorio desierto, en cuya extremidad se veÃa agigantarse a la luz de la luna la vieja pagoda.
Tremal-Naik y sus compañeros estaban a punto de desembarcar cuando de un matorral de mindi vieron salir una forma humana.
—¿Quién va? —preguntó el viejo thug, mientras montaba rápidamente una pistola.
—No temáis, soy yo —respondió Windhya—. Devuelve el arma a tu cintura. ¿Ha terminado la fiesta de las serpientes?
—Sà —respondió Nimpor adelantándose.
—¿También tú aqu� —preguntó Windhya con estupor.
—Debo hablarte.
—Estoy a tus órdenes. ¿Y el capitán?
—Lo hemos visto.
—¡Ah! ¿En su villa?
—SÃ.
—Entonces es nuestro. Se trata de hacerlo venir aquÃ.
—¡Hum! ¿Y vendrá?