Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —No puedo decirlo. Os rendÃs o mando hacer fuego.
—Rindámonos, teniente —gritaron los marineros, que se veÃan ya a merced de Hider.
Después de haber dudado, el teniente rompió su espada y la arrojó al rÃo.
Los estranguladores se lanzaron sobre los marineros, los desalmaron y los hicieron descender a dos chalupas, en una de las cuales pusieron también al comandante que todavÃa dormÃa, y al oficial de máquinas.
—¡Buena suerte! —gritó el contramaestre.
—Si te cojo te haré ahorcar —respondió el teniente, mostrándole el puño.
—Como os plazca.
Y la cañonera reanudó su marcha mientras las embarcaciones se dirigÃan hacia la orilla del rÃo.