Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Soldados y marineros estaban en la cubierta, algunos amontonados a proa con los ojos fijos en oriente, otros subidos a las jarcias, cofas, crucetas y vergas.
A popa distinguió a algunos hombres que estaban preparando embarcaciones.
Miró al puente de mando. Cuatro oficiales paseaban fumando y charlando vivazmente. No estaba el capitán Macpherson.
Volvió a la hamaca y esperó.
Los relojes de a bordo dieron las nueve, luego las diez y finalmente las once. Apenas habían cesado las últimas campanadas cuando dos sombras descendieron silenciosamente la escala.
—Rápido —dijo una voz autoritaria—, no tenemos un minuto que perder. Raimangal está a la vista.
Tremal-Naik reconoció a los dos afiliados.
—¿El capitán? —preguntó con un hilo de voz.
—Duerme —contestó Bindur—. No cabe duda de que ha bebido narcótico.
—Vamos.
Al pronunciar esta palabra la voz de Tremal-Naik tembló. Experimentó un estremecimiento tan fuerte que se turbó.
Palavan abrió una portezuela y entraron en la batería, deteniéndose ante una segunda puerta que conducía a la cámara de popa.