Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Estuvo escuchando con una mano detrás de la oreja: la brisa nocturna que soplaba del oeste le llevó un silbido agudo.
—También por ahà sucede algo —murmuró el maharata, preocupado—. El que ha gritado debe estar a media milla de aquÃ, en la dirección tomada por mi señor. ¿Estarán asesinando a alguien?
TenÃa mucho miedo de caer en manos de los indios, pero decidió proseguir.
Se colocó la carabina bajo el brazo y se dirigió hacia el oeste, apartando los bambúes con precaución. Precisamente en aquel momento sonó una detonación.
Al oÃrla el maharata sintió que se le helaba la sangre en las venas. Era la carabina de Tremal-Naik, que tantas veces habÃa oÃdo tronar en la jungla negra. La conocÃa demasiado bien y no podÃa equivocarse.
—¡Gran Siva! —murmuró entre dientes—. El señor se defiende.
La idea de que Tremal-Naik corrÃa peligro le infundió un valor extraordinario. Despreciando toda precaución, olvidando que tal vez los indios le espiaban, se puso a correr hacia el lugar de donde habÃa salido la detonación.
Un cuarto de hora después llegó a un pequeño claro donde se retorcÃa un objeto largo y manchado.