Los Náufragos del Liguria

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CAPÍTULO XXII

EL «TIA-KAN-TING»

TEMIENDO que sus provisiones no estuvieran bastantes defendidas de las violentas lluvias que se acercaban, especialmente la fécula de sagú y los bizcochos, bajo los techos de caña y hojas que habían construido, pensaron que sería conveniente utilizar la caverna como almacén.

Amplia y seca, no había duda que era preferible la gruta a los almacenes de caña; y como no distaba apenas una milla, la lluvia no impediría a los náufragos ir hasta ella para aprovisionarse de lo que les hiciera falta siempre que quisieran.

Para preservar los bizcochos y las féculas de los insectos que buscasen refugio en la caverna durante las lluvias, construyeron recipientes circulares muy parecidos a pequeños toneles, utilizando gruesos bambúes, y cerrándolos perfectamente con una especie de goma extraída del «isondra gutta», planta que produce el caucho.

Llenos ya muchos recipientes, una mañana engancharon a la carreta, la babirusa y se pusieron en camino por la costa oriental, flanqueando las márgenes del bosque. Media hora después llegaban a la caverna, cuya entrada estaba enteramente cubierta por las plantas trepadoras.


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