Los Náufragos del Liguria

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CAPÍTULO XXIV

ASEDIADOS EN LA CAVERNA

EL señor Albani y el marinero se habían detenido detrás del tronco de un colosal durión, no atreviéndose a avanzar sin saber antes qué clase de enemigo era el que tenían enfrente.

Las malezas que formaban la espesura continuaban agitándose, como si el hombre o el animal que fuese se abriera camino con trabajo; parecía que se veía apurado para salir de entre aquellas ramas, muy espesas y frondosas.

Al cabo, después de un esfuerzo muy violento, logró abrirse paso y mostrarse. Al divisarle, los dos Robinsones habían alzado las cerbatanas, dentro de las cuales deslizaron rápidamente dos flechas.

No era un hombre, sino un tigre, que por lo visto tenía una pata bastante mala, pues la movía con gran trabajo. Además era de una forma muy extraña, pues parecía mas larga que la otra y más gibosa.

—¡Pero esa bestia es deforme! —exclamó, estupefacto el marinero.

—Yo no acierto a distinguirle las patas —dijo el veneciano, no menos turulato que el marinero.

—¿Estará herido?

—¿Y si no es un verdadero tigre?

—¿Qué es lo que usted quiere decir?


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