Los Náufragos del Liguria
Los Náufragos del Liguria LOS NÁUFRAGOS
POCOS instantes después de aquel desastre, que privaba a los Robinsones de la embarcación, salía un hombre de entre las olas, que, bramando se estrellaban iracundas contra la base del escollo. Logró aferrarse a las puntas de las peñas, y haciendo desesperados esfuerzos para que no le arrastrara la violencia de las contraolas, subía por la escollera poniendo los pies en los salientes y metiendo nerviosamente las manos en las grietas y hendiduras.
Ya fuera del alcance de los saltos del mar, se detuvo y echó alrededor una mirada apagada. No se veía la chalupa, pero si un bulto negro que se debatía entre la espuma tratando de alcanzar las peñas.
—¡Señor Albani! —gritó—. ¿Es usted?
—¡Quién llama! —preguntó el náufrago que luchaba.
—¿Eres tú, Marino?
—Sí.
—¿Y el señor Albani?
Una voz que venía de mar adentro respondió:
—¡Aquí estoy!
—¡Mil terremotos! —repuso el genovés desde lo alto—. ¿Dónde está usted, señor?
—¡No te inquietes, Enrique! ¡Me llevan las olas!
