Los Náufragos del Liguria
Los Náufragos del Liguria LOS ROBINSONES SUIZOS
CERCA de un pequeño altozano habĂa un grupo de árboles elevadĂsimos, de gruesos troncos y perfectamente lisos, que le cubrĂan a una altura de sesenta o setenta palmos con sus espesas hojas.
CaĂdas a los pies de aquellos colosos veĂanse gruesas frutas, del volumen de la cabeza de un hombre, pero de forma oblonga y cubiertas por una cáscara verdosa amarillenta llena de agudas y finĂsimas puntas de varios centĂmetros de largo.
Algunas estaban cerradas y enteras; pero otras presentaban una hendidura, por la que salĂa un olor nada agradable, pues se parecĂa mucho al que exhala la masa de los quesos podridos o del ajo pasado. Al travĂ©s de aquella abertura se veĂa una pulpa blancuzca que parecĂa sabrosa.
—¡Que olor! —exclamó el marinero acariciándose la nariz y haciendo una mueca—. Parece que este árbol produce queso de Gorgonzola un poco pasado.
—O «Cacio Caballo»[5] podrido —agregó el mozo.
—¡Vaya! —exclamó el veneciano—; os ofrezco la mejor y más delicada fruta de la flora malasiana, y ya comenzáis a protestar.
—Señor, esas frutas serán exquisitas; pero huelen de tal modo que su olor es capaz de hacer huir a un perro.
