Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia -Pillaremos por la espalda al enemigo, señor.
-¡Callad!- dijo en aquel momento el piloto, que se había adelantado algunos pasos.
-¿Qué es lo que hay todavía?- preguntó Yáñez después de algunos minutos de silencio.
-Oigo chocar el río contra ambas orillas. El kampong se encuentra delante de nosotros, señor.
-¡Pues atravesémoslo!- contestó Yáñez resueltamente-, y caigamos a paso de carga sobre los sitiadores. Tremal-Naik, por su parte, nos ayudará como mejor pueda.
CAPITULO VII
Cinco minutos después, y en medio del más absoluto silencio, atravesaban el riachuelo, que apenas tenía agua, y se reunían en la orilla opuesta, casi desprovista de árboles.
Una vasta llanura, en la cual se veían algunos grupos de palmeras, se extendía en un gran espacio, elevándose en el lugar que ocupaba una maciza edificación, sobre la cual se erguía una torrecilla a modo de observatorio.
