Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia -¡Ah! ¡Vienen!- exclamó Yáñez de un modo terrible.
-¡Vengaremos a nuestros muertos!
CAPITULO IX
Las hordas de los dayakos desembocaban en aquel momento en la floresta, lanzados a una carrera desenfrenada en grupos grandes y pequeños, sin orden alguno.
Aullaban como bestias feroces agitando de un modo insensato sus pesados kampilongs de luciente acero, y disparando al aire algunos tiros de fusil.
ParecÃan furiosos, y probablemente lo estaban, por no haber logrado decapitar a los últimos defensores del Mariana que, más listos que ellos, habÃan podido refugiarse en la factorÃa antes que pudieran prenderlos.
-¡Por Júpiter!- exclamó Yáñez, que los observaba atentamente desde lo alto del recinto-. Son muchos esos bribones, y, aun cuando su instrucción militar deja mucho que desear, van a darnos que hacer.
-No son menos de cuatrocientos- dijo Tremal-Naik.
