Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia CAPITULO VI
Ante el embarcadero se extendÃa un pequeño descampado malamente roturado, pues surgÃan en muchas partes los troncos de los árboles cortados: detrás veÃanse restos de cabañas y de cobertizos destruidos por el incendio.
Allà comenzaba una espesÃsima floresta formada en su mayor parte por helechos arbóreos, cycas, duriones, etc., entrelazados con rotangs de extraordinaria longitud, los cuales formaban verdaderas e inextricables redes.
No turbaba rumor alguno el silencio reinante entonces bajo aquellos árboles majestuosos. Únicamente de cuando en cuando se oÃa entre el follaje un grito débil lanzado por algún gerkó , lagarto cantador, o el gorjeo de brillantes colores con reflejos metálicos.
Yáñez y sus hombres, después de haber permanecido escuchando durante algún tiempo, para asegurarse de que aquella calma era real, y de concluir de afianzarse en esta creencia, viendo la tranquilidad de una pareja de monos subidos en un plátano, dieron una vuelta por detrás de las destruidas cabañas y se internaron en el bosque, explorando cerca de media milla, sin que encontrasen rastro alguno de sus implacables enemigos.
