Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia Como por la mañana seguía imperando un profundo silencio bajo aquella bóveda de verdura sin fin, cual si la floresta estuviese libre por completo de fieras y de toda clase de animales salvajes. Ni siquiera se veían las aves nocturnas que, como los enormes murciélagos pelados, tan comunes son en las islas de la Malasia. Tan sólo los lagartos cantores hacían oír su ligero y estridente chillido.
El cielo estaba cubierto de nubes, y la atmósfera era pesada bajo las enormes hojas que se entrelazaban estrechamente a treinta o cuarenta metros del suelo.
-Cualquiera diría que nos amenaza un huracán-dijo Yáñez, que respiraba fatigosamente.
-Y no tardará en estallar, señor- contestó el mestizo-. He visto que se ponía el sol tras una nube negruzca. Apenas tendremos tiempo de llegar al kampong .
-Si es que no nos detiene nadie.
-Hasta ahora, señor, no se han hecho presentes los dayakos. -Supongo que nos los encontraremos cerca del kampong
-Si los hay, no serán tantos que puedan oponernos una resistencia seria; al menos, por el momento.