Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem El recién llegado era un hombre de unos treinta y tres años, es decir, un poco mayor que su compañero, y de estatura mediana, robusto, de piel muy blanca, facciones regulares, ojos grises y astutos, labios burlones, que indicaban una voluntad de hierro.
—¿Viste a la muchacha de los cabellos de oro? —preguntó Sandokán con cierta emoción.
—No, pero sé cuanto querÃa saber.
—¿No fuiste a Labuán?
—SÃ, pero ya sabes que esas costas están vigiladas por los cruceros ingleses y se hace difÃcil el desembarco para gentes de nuestra especie. Pero te diré que la muchacha es una criatura maravillosamente bella, capaz de embrujar al pirata más formidable. Me han dicho que tiene rubios los cabellos, los ojos más azules que el mar y la piel blanca como el alabastro. Algunos dicen que es hija de un lord, y otros, que es nada menos que pariente del gobernador de Labuán.
El pirata no habló. Se levantó bruscamente, presa de gran agitación. Su frente se habÃa contraÃdo, de sus ojos salÃan relámpagos de luz sombrÃa, tenÃa los labios apretados. Era el jefe de los feroces piratas de Mompracem; era el hombre que hacÃa diez años ensangrentaba las costas de la Malasia; el hombre que libraba batallas terribles en todas partes; el hombre cuya audacia y valor indómito le valieron el sobrenombre de Tigre de la Malasia.
