Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Ahora déjate atar.
—¿Quiere que me devoren los tigres?
—No hay tigres por aquÃ. Y yo debo tomar mis medidas para que no me traiciones.
Amarró al soldado a un árbol y se alejó rápidamente.
—Es preciso que esta noche llegue a la costa y me embarque —se dijo—. Puede ser que con el traje que llevo me sea fácil huir y tomar lugar en cualquier embarcación que vaya directamente a las Romades. Desde allà iré a Mompracem, y entonces... ¡Mariana, pronto volverás a verme!
Se puso nuevamente en camino con paso más rápido. Anduvo toda la noche, atravesando grupos de árboles gigantescos, pequeñas florestas, praderÃas con abundantes rÃos. Se orientaba por las estrellas.
Al salir el sol se detuvo para descansar un poco. Cuando iba a ocultarse entre las lianas, oyó una voz que le gritaba:
—¡Eh, camarada! ¿Qué buscas allà adentro? ¡Ten cuidado, no sea que se esconda por ahà algún pirata, que son bastante más terribles que los tigres de tu paÃs!