Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -No, el mÃo se ha ido a pique a cuarenta millas de distancia de aquÃ, algunas horas antes de que apareciese el otro.
-¿Iba usted persiguiendo al corsario?
-SÃ.
-¡Qué desgracia! ¡Si hubiera usted llegado primero, no se hubieran atrevido a importunamos aquellos ladrones!
-Ya volveremos a perseguirlos.
-Pero, perdóneme usted, capitán: ¿dice usted que este hombre es amigo suyo?
-Y es cierto -contestó sir Moreland -. Se salvó junto conmigo y con mi hermana.
-Pues se parece a uno de aquellos ladrones,
-Este hombre es un honrado negociante de Labuán.
-¡Ah! -dijo el jefe de la chalupa.
Durante esta conversación, Damna se habÃa acercado al grupo. Al verla, los isleños la saludaron cortésmente, y la ayudaron a embarcarse. Yáñez, que habÃa permanecido impasible, se colocó a proa, y en vano intentaba encender un cigarro.
Sin embargo, aquella tranquilidad era sólo aparente, pues le preocupaba mucho la inminencia de la arribada de aquel pequeño barco de guerra avistado por los isleños.