Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Sin embargo, los remeros, luchando con denodado esfuerzo, y sin desfallecer ante el ímpetu de la marejada, luchaban con los remos. Eran todos hombres muy robustos, y acostumbrados a aquellas tareas, casi diarias, en derredor de sus islas, batidas por los vientos impetuosos del Sur.
Una vez fuera de las escolleras, izaron una pequeña vela triangular y, mejor equilibrada, la chalupa bogó con -mucha velocidad hacia Mangalum, que no estaba ya muy lejos.
Durante el viaje, los isleños no pronunciaron una sola palabra. El jefe miraba con frecuencia de soslayo a los tres supuestos náufragos, deteniendo los ojos de un modo especial en Yáñez.
La travesía se realizó con toda felicidad, aun cuando ya cerca de Mangalum arreció el ímpetu de las olas; por fin, después de mediodía, la chalupa se detuvo en la extremidad del puertecito.
-Desciendan ustedes -dijo el jefe, ayudando a Damna -. Aquí estarán mejor que en las rocas del islote.
Pronunció estas palabras con un acento casi burlón, que no se le escapó a Yáñez.