Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Y dicho esto, cerraron la puerta, atrancándola por fuera.
Sir Moreland, Yáñez y Damna, ésta menos asustada de lo que pudiera creerse, se miraron casi sonriendo.
-¿Qué me dice usted de, esta aventura, sir Moreland? -preguntó la joven.
-Que si realmente ese barco inglés está cruzando las aguas de la isla, concluirá pronto -respondió el capitán.
-Para usted, pero no para nosotros.
-¿Y por qué, señorita?
-En cuanto los de usted sepan que somos corsarios, ¿no nos ahorcarán?
-O por lo menos nos conducirán a Labuán para ser juzgados -dijo Yáñez -. Cosa que agradaría bastante a aquel gobernador, que tiene contra mí antiguos rencores.
-Procuraré evitar que eso suceda -respondió el capitán -. Sería peligroso, especialmente para el señor De Gomara.
-Vamos a ponerle a usted en un grave compromiso, sir Moreland -dijo Damna.