Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -Sin embargo, quiero libraros de la muerte antes de que os toque con sus alas heladas, y Sandokán piensa como yo. Nosotros corremos ahora hacía Malaca, y podemos sacrificar las últimas provisiones de carbón para dejaros en aquellas playas.
Damna y Surama hicieron con la cabeza un enérgico signo negativo.
-¡No! -dijo la primera, con voz resuelta -. ¡Yo no quiero dejar a mi padre ni a ustedes suceda lo que sea!
-¡Ni yo me separaré de ti, sahib blanco, a quien debo la libertad y la vida! -dijo Surama.
-Piensa, Damna, que algún día podrás ser una esposa feliz, uniéndote a un hombre que te ama con pasión y a quien yo estimo en lo que vale.
-¡A estas horas, sir Moreland ya me habrá olvidado! -respondió la muchacha, lanzando un profundo suspiro.
-Piensa también que de un momento a otro puede caer sobre nosotros la escuadra de los aliados, y encerrarnos en un círculo de fuego; y piensa, además, que eres mujer.
-¡No, señor Yáñez! -dijo Damna, más fieramente -. ¡Nosotras no abandonaremos a ustedes! ¿Verdad, Surama?
-¡Yo seré muy feliz muriendo al lado de mi sahib blanco! -contestó la aludida.